lunes, 30 de noviembre de 2020

 

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

38,-Marisa Gil

He abierto

He abierto mis manos
y sin pensar,
encontré mi pensamiento
cubierto de versos.

No sé, si te trajo el viento,
si te formó el sol
o fue la canción de tu dolor
la que se reflejó en mi rincón.

Sonó en mi corazón
y dio melodía a tu expresión.

No sé, si fue la huella de tus pasos
la que mi atención atrajo
o si al mirar despacio,
descubrió el espacio
mostrándome tus brazos.

No sé,
ni me quiero preguntar
lo que fue o será.

Sé, que sin pensar,
encontré mi pensamiento
cubierto de versos
y tú, como poema en silencio.

 

domingo, 29 de noviembre de 2020

 

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

37,- Jesús Delgado Valhondo

La ciudad de los hombres

Pasan hombres. Los turbios
hombres que solo hablan,
quejidos entre dientes,
dolor en las entrañas.
Llevan sello en la frente
de dichas o desgracias,
tienen inconfundibles
señales en las caras.
Andan aires podridos
en medio de nostalgias.
No pueden con problemas
que solucionan lágrimas.
Triste ciudad de hombres,
de estos hombres que pasan,
como los ríos las vidas
llenos de sucias aguas.
Da pena verlos siempre
pasar, tarde y mañana,
murmurando su vida,
masticándose el alma.

sábado, 28 de noviembre de 2020

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

36,- Eumila Sanz Vaca

EXTREMADURA, ESA TIERRA

I

Y
o era una niña, solo era un aliento
asomado a los arcos de Castilla,
y aquel libro escolar -¡oh maravilla!,
aquella “historia del descubrimiento”

me ensañaba a quererte. ¡Como siento,
tierra extremeña, el zumo de tu arcilla
dentro del alma! Tuya es la sencilla
belleza que me invade el pensamiento.

Después te conocí y he trasladado
los sueños a mis pasos de viajera,
ya cubiertos de júbilo, ya amargos.

He querido abrazarte, me he extasiado
delante de tu abierta sementera
y son mis venas tus caminos largos…

II

En ti enterrara el corazón gozoso
para que vieras que en tu amor me quedo.
Soy tuya para siempre. Ya no puedo
apartar de mi mente el poderoso

latido de tus campos. Sé mi esposo,
trigal, sé la apertura de mi credo.
Fecunda mis entrañas con denuedo,
con tus ríos de empaque vigoroso.

Sed vosotros mi amparo, caballeros
extremeños de alcance ultramarino.
Quiero en Extremadura ser princesa.

Llevad también mi cruz, muros señeros,
cirineos anclados al destino,
torres en holocausto de sorpresa.

III

Ando buscando un alto, una colina,
para mirar completa tu estatura,
tierra absoluta, magna agrimensura
donde se hace la vida peregrina.

¡Cómo mi corazón se desatina
cuando advierte tu varia agricultura,
hoces y montes de distinta altura,
vistas que van del valle a la colina!

Largo es el viento, larga la esperanza
del extremeño que alza al campanario
sus ojos que son besos y son ecos.

Largo es tu entusiasmo de labranza,
de hidalguía, de trato hospitalario
que emerge de tus hondos recovecos.

IV

Siempre llego a tus puertas con las manos
extendidas, dispuestas al saludo
de la vid, de la huerta, del escudo
de casas solariegas, de majanos

como estrofas calizas, de altozanos
que parecen un púlpito desnudo,
del olivar, del sacrificio mudo
que enterró la extremeña en tus arcanos.

¡Repicad, campanarios!, mi alma toda
no desea perderse en tu silencio.
Toma mi vida ya, trigal amante.

Aunque te quiero tanto y se acomoda
todo a mis pasos, y te reverencio,
temo que tanto amor no sea bastante.

V

Rastrojos como barbas amarillas
del dios del extremeño, soñadora
campiña, soledad agricultora
que acecha cada noche de puntillas

el lecho donde sueñan a hurtadillas
doncellas de raigambre labradora.
Se anuncia un nuevo sol, surge la aurora
y en la tierra germinan las semillas.

Mnemotecnia del vino, de la cal,
de tinajas abiertas al vacío,
huchas para el sudor de los labriegos.

Polvo como blasfemia mineral
que a veces nos protege contra el frío
y otras, sin compasión, nos deja ciegos.

VI

Un viaje fue la causa de que un día
yo supiera tu nombre y te quisiera,
un viaje que inundó de primavera
mi corazón de niña. Valentía

rezumaban tus campos, fantasía
de esta tierra, dulce espera
de novia enamorada. ¡Quién supiera
cantarte en amorosa poesía!

¡Quién pudiera en tu seno pardo y menta
merar al horizonte y ver que asoma,
por un atajo, el hombre presentido!

¡Quién fuera castellana Cenicienta
y un príncipe extremeño. –luz y aroma-,
encontrara el zapato que he perdido!

VII

Amanece otra vez, los tomillares
impregnan de fragancia tu silueta.
Un cuervo anda jugando a la ruleta
sobre una encina solitaria. Mares

de espigas, crestas verdes como altares
oferentes descubren su alma inquieta
delante de mis ojos. Se completa
la cópula del sol y los pajares.

No puedo ser viajera. Lo que pasa
se va quedando dentro de mi pecho,
complementa mi sangre como un puente.

No puedo ser viajera en esta Casa
que me ensancha la fe como un barbecho
y fecunda mi amor intensamente.

VIII

Te quiero. No sé más. Que nadie siga
mi vuelo. Soy alondra misteriosa
que abandona los tallos de la rosa  
para besar la caña de la espiga.

Te quiero. No sé más. Yo soy tu amiga,
la voz que con tu tierra se desposa,
el soplo de la brisa silenciosa
que separa el sarmiento de la ortiga.

Soy esa niña, sueño enamorado,
herida de tu canto olivarero,
la pasión de una lágrima labriega.

acerqué el corazón a tu costado
y estoy, Extremadura, en tu sendero,
dispuesta al holocausto de la entrega…

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

35,-Andrés Acevedo

Contigo, hermanito

Quiero andar la mar
montado en barquito
quiero andar la mar
contigo, hermanito.

Quiero andar la mar
de rostro azulito
quiero andar la mar
contigo, hermanito.

Quiero andar la mar
hasta lo infinito
quiero andar la mar
contigo, hermanito.

Quiero andar la mar
con los luceritos
quiero andar la mar
contigo, hermanito.

Quiero andar la mar
callado, sin gritos,
quiero andar la mar
contigo, hermanito.

Quiero andar la mar
sereno, bendito,
quiero andar la mar
contigo, hermanito.

 

 

 

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

34,-Isabel García Viñao

BUSQUÉ

La primera vez que te vi,
cuando yo te conocí y tú a mí,
sólo me mostraste tu haz,
de playa tranquila y mar en calma.

Pero yo traté de imaginar tu envés,
oculto para mí y quizás para ti,
con tus respuestas imprecisas y distantes.
Terreno yermo, sin surcos y agrietado.

Para buscar en él tus pasos pasados y perdidos,
para saber quién no te había ayudado,
para saber a quién suplicaste un día,
para saber quién te había abandonado.

La primera vez que te vi,
Cuando yo te conocí y tú a mí,
la luz sólo me dejaba ver tu haz,
de mañana temprana y soleada .

Pero yo traté de vislumbrar tu envés,
semioculto para mí y quizás para ti,
con tus miradas reprimidas e insinceras,
agitadas en las tardes de viento y desconsuelo.