MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO
202,-Mª del Carmen Alegre
La sed de las amapolas
Al cabo de todo el invierno
tiembla
y termina por parecerse al óxido
en el que se está convirtiendo su esqueleto.
Una nada de cadena hueca, como de caña,
y de noches que prueban su filo en las esquinas.
Nadie sabe de la sed de las amapolas
que revienta bajo tierra,
ni dela vida acuática que silencia el río
al que hoy persiguen extraños camalotes.
Pero todos sabemos de la variedad de los metales,
de la perfección de las escuadras
que miden la capacidad de los bosques
para determinados árboles
y de cómo las cigüeñas nos acompañan
desde hace varios inviernos
sin saber la diferencia que existe
entre una zona protegida y un teatro de marionetas.
Saldremos sin hacer ruido y con los ojos cerrados
porque ésta debe ser la única forma de imaginar
cien hojas de abedul acariciándonos la espalda,
o cinco metros bajo el cauce y sobre las piedras creando rumores de agua al pie
de un sueño.
Saldremos apretando los ojos y las manos,
entre ellas un estruendo de frío envuelto en nubes,
y otra muerte, para guardar en la memoria.
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