jueves, 14 de octubre de 2021

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

353,-FIDEL PERERA CENDAL

Imitación de la poesía

En la dulce mañana luminosa
de los últimos días, releo a Nuno Judice.
Así distraigo el terco reflujo de mis horas
con extensos poemas de su navegación
sin rumbo. Voces que huyen del naufragio y
de la prosa profana de la vida
como lentos rosarios que en sus cuentas
desgranarán los gozos y el misterio.

Sus versos me recuerdan vagamente
a otros que escribí, hace ya  mucho,
cuando el verano era la muda hoguera
donde ardían las sombras de mis manos
y era la juventud el divino tesoro
que ya escondía, sin embargo,
las frías alhajas de la muerte.

Solo de tarde en tarde pasaba de puntillas,
distante, tan lejana, no temida,
la oscura muerte ajena. Apenas un motivo
para dar rienda suelta
al torpe devaneo literario.
Era aquella una muerte de libro de poemas,
una certeza oscura que no dolía aun,
como el recuerdo, impreciso y vago,
de la niñez cercana.
Un poso tan leve que no costaba
dejar que se pudriera en los abismos
tan blancos e inocentes de la luz.

Ahora son los días de otro modo.
Una amenaza gris se cierne en la mañana.
Se alza la inminencia de una sed
que reclama la lluvia derramada
en los lentos desagües del amor.

Es hora de la muerte con materia
opaca y familiar, con una gasa oscura
tejida en la tiniebla del desánimo
con los hilos sutiles del dolor.
Un filo que, al nombrar, corta y lastima
la misma lengua que anteayer besaba
la costumbre agridulce del amor.

Sin duda, un feo asunto
que en nada se parece a la poesía.
Como un licor que sin pudor empapa
la fría lava ardida de los dones,
la vanidad que impulsa todavía,
tan fuera de lugar, tan a deshora,
esa absurda manía incorregible:
la de soñar y de atrapar el aire
ni sabe Dios por qué.

 

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