domingo, 14 de febrero de 2021

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

111,-Luis Barbosa

Estatua de carne

 

Allí la vi, mezclada con rocío de mañanas blancas,
mezclada con rocío de castizados vientos,
de mañanas alegres con relinchos de violentos,
con bandadas de pájaros apretados al vuelo
allí donde el río se retuerce en rúbrica
de lo alto a lo bajo con calladas lagunas,
donde los ojos palpan con libertad profunda
el horizonte claro, la noche encendida,
las auroras sonrientes y las encinas doradas.
Mi tierra… de allí vengo,
sin haberme ido nunca,
sin dejarla nunca,
tratando siempre de crecer por dentro,
de allí vengo,
y traigo apadrinándome el recuerdo,
la estatua de carne de una extremeña
que sacudió mi vergüenza.
Hubiera querido hablar con ella.
Pero, “pa qué”, tenía los ojos tan quietos,
enterrados en mil surcos de arrugas
su nariz y su boca.
Indiferentes al olor y al gusto,
sus manos, unidas en el cansancio
de la falda flaca y estirada de años y de preñez,
su pecho tan hundido
que en la curva de su espalda
se reflejaba el peso de sus senos
embolsados, rozando su estomago.
Sus hombros, oblicuos y pequeños,
demostraban que hasta el peso de los brazos cansa,
cuando siempre se los tuvo para abajo,
recogiendo tiempo vacio de esperanzas,
tal vez el polvoriento carro viajero,
tal vez alguna vez la llevó en andas de paisajes nuevos,
tal vez el viento de Extremadura
le cantó coplas que aprendió de lejos,
y allí,
cuando el poniente se acurrucó en sueños
sintió que la nostalgia
le arrimaba leña “pa” quemar silencios.
Tal vez se emborracho de orgía, de sexo,
que culminaba en la novena luna
sobre un cuero de oveja
que tiñó de rojos cuajarones
y secó de olvido en otro parto.
Tal vez, alguna vuelta,
se cansó de esperar nada,
y cambió su espera por distancia, distancia quieta,
retorcida en troncos de alcornoques.
Con paciencia mortal
pero latente, la corteza de su rostro,
por que Dios ha querido
que su cuerpo y su alma sean una misma cosa.
Hubiera querido hablar con ella, pero “pa qué”,
¿”pa” clavar otro Cristo sin más vueltas?
¿”pa” arrancarle lo único que le queda?
si lo único que tiene es el silencio
y por que no da leche se lo dejan.
Y pensar… y pensar… que allí la vi,
donde para cualquier “lao” que mires
se mira lejos.
Donde la luz y la sombra se juntan
para algo más que para que pase el día,
donde el lento acento de los caldenes
contraste con la siembra, madurez y cosecha de trigales.
Allí la vi… donde un día la lanza metió punta
y el sable revolvió polvaredas
en quites y en defensas,
en puntadas tan mal dadas que se quedó colgando
en una baba de cansancio y agonía,
donde la sangre gastada
que mojaba el suelo, hoy mismo se evapora
y sigue revocando cielos de auroras y ponientes.
Y pensar que allí la vi,
la vi, tan quieta,
con el sosiego entero metido en el espinazo,
la estatua de carne
que enarbolaba siglos de sangre y de miseria.
Me sentí tan pequeño ante tanta grandeza.
¿De qué sirve mi poema sin tu algo?
Si alguna vez, si alguna vez
llegara mi canto hasta tu oído,
no pienses que te estoy utilizando,
la sucia diferencia que existe
la inventó Dios como castigo
que habremos de pagar tarde o temprano
sin tener más que el alma por testigo.

 

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