MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO
124,-LOLY HIDALGO
Los dioses tampoco fueron felices
No fui para buscar en la mañana gélida
el tiempo perdido. Ni siquiera, en la luz cenital
abrió mi mente el más lógico juicio.
Imposible definir la causa,
mis ojos, sin sentido de la realidad.
Era una sensación extraña, un cierto desvarío.
¡Si hubiera algo que guardara pleno sentido!
¡Ta heladas las palabras de un dominio claro!
-En la deshabitada ágora, fría, sin apenas luz-.
¿Qué causaba esa negación dolorida?
-Amarilleaba el tono y se volvía desvaído-.
Si tuvo esplendor, controversia filosófica,
duro golpe, en la oscuridad lo había perdido.
¿Cómo encontrar la ruta de tan oscuro sueño?
Pregunto a la clepsidra, la fuente, toda agua.
El agua en armonía protegida por muralla,
a veces, su exactitud cambiaba y se confundía.
¿Y en las cráteras? Cuyo vino tinto se mezclaba
con el líquido elemento primitivo. Transparencia
de rojos únicos y ondas concéntricas.
¿Acaso, sus tonos, iban hacia la luz cristalina?
¿Qué decir de los pasos interminables?
-¡Laberintos! Cámaras oscuras, misteriosas-.
¡Ay, si aun los espejos fueran de oro bruñido…!
-¿Y qué de los aurigas? Los dioses que cortaban
los vientos a latigazos… Zigzagueaban, ¡los chasquidos!
¿Y las níveas doncellas de los bosques de olivo?
-Con el manto bordado de la divina Atenea-.
El Cortejo de las Panateneas hacia el templo
-entre los rayos del Sol fúlgido-.
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