lunes, 7 de diciembre de 2020

 

MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO

44,-Amelia Bravo Vadillo

En mi memoria

 

Te fuiste lentamente,

como se van las tardes de verano en la infancia

y dejaste, olvidado, el puchero en la lumbre,

inundando el pasillo de café y soledades.

En el alféizar, mudos, tiritaron de frío

tus pendientes de reina y tus geranios.

(Le hablabas a las flores como si fuesen niños

y a los niños regabas como si fuesen flores)

¡Ay, madre de mi madre!

¡Ay, abuela querida!

con ese andar ligero,

con tu cándida boca…

Perdió el frescor el patio y la pureza el agua

que sacabas del pozo con su trinar de pájaros.

Ya no hay sábanas blancas ondeando en los cordeles

como banderas santas de un refugio seguro.

Y sin embargo, ¿sabes?, permaneces intacta,

¡tan viva en la memoria, en todos mis sentidos…!

Hablabas con palabras que ya nadie pronuncia,

jato, avío, menesteres, zaguán, miajón, alcoba…

Tocabas la zambomba, cantabas La Tarara,

remendabas los días con puntadas de ingenio.

Hacías roscas de anises, las mejores tortillas,

perfumabas la cama con alcohol de romero…

¡Ay, madre de mi madre!

¡Ay, abuela querida!
¡Permanecerás viva por siempre en mi memoria!

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