MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO
240,-RAQUEL DE NAVAS ARRIBAS
Versos para una isla
En octubre, los días tienen
espacios frágiles
cerca del mar, entre dudas del viento
y claros del sol,
como ojos de tigre viejo.
Un gato de otoño se mueve,
es el rostro del destino que viene
a ras de suelo.
En el muelle llega
la voz de un desconocido,
y el murmullo de la tormenta no se acaba nunca.
La soledad dentro de una botella
sin mensaje,
nocturnos de un pueblo marino
para vivir la esencia de las cosas.
En el lugar presente, recuerdo
compañeros de viaje olvidados y en
el corazón: cenizas en mitad de la nada.
Soy fiel a todo cuanto amé y no pertenezco a ningún
horizonte.
Por el camino hay cosas que importan
como tú.
Voy en busca de una hermosa flor azul y no sabemos
la vida que te espera, cuando la sombra
de la estrella es alargada.
Lo que sabemos está al alcance de tu dedo.
El amor es una racha para sobrevivir,
como un barrio de rostros olvidados
y pájaros.
En tus ojos
la voluntad es
del color de las dunas y del oro antiguo,
y hay un territorio oculto que es tierra de nadie.
Un día más de vida
tras el rastro de la distancia: el sonido
que el exilio provoca en mi existencia.
Como el tiempo mira la
trama de nuestra vida,
la noche espera el sueño en los suburbios,
más allá de la realidad del sol.
Mientras la niebla se abre sobre el horizonte,
yo encuentro razones para que la memoria
valga la pena.
Seremos como palomas de
otoño,
cabos sueltos en la breve historia de una utopía.
Romper el vuelo de una
gota de tinta
a pie de página
es poesía.
El arte invisible
es la antesala del espacio entre nosotros
y el mundo
que nos rodea.
Sueño
la mirada inocente,
la felicidad
a orillas de todos loa océanos.
Ven, rompe el mar de hielo que cubre las palabras
que nunca dijimos.
Un solo pensamiento
libre y claro, de fuera a dentro,
sangre infinita que danza por su carga de verdad.
En la ciudad, la poesía da miedo a quien no tiene
alma, y aquí no hay
tabla redonda ni compañeros de viaje.
Epopeyas de todo un mundo
que no tiene dinero para gestionar la fe.
Y los dioses construyen reinos
como la vida misma.
La nuestra es un viaje al alma,
una historia de amor en los ojos
sin el olor del miedo.
A veces, mi oficio es llorar,
y soñar con la dignidad del paraíso.
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