MIS 365 POETAS DE TODO UN AÑO
243,-DAVID ACEVES SAMPEDRO
Las manos de mi padre
¿Dónde quedaron las manos de mi
padre?
su imagen permanece en cada campanada del
viejo reloj,
en el aroma del
café recién colado
y en el humo del ya
inexistente cigarrillo,
pero,
¿sus manos?
¿Dónde están sus manos?
¿Sus manos de olorosos ungüentos,
azucarados jarabes
de
azafrán y manzanilla?
Una parda hierbera debe haberle dado el don de la cura,
un chino verdulero, el milagro de la sanación,
y el yucateco, chamán de paso, le bendijo los dedos
al salir de la infancia
para hacerse un hombre entre remedios, pócimas
y cocimientos.
Siempre dispuestas las manos de mi padre para
contener la dolencia,
cerrar heridas
y aliviar la pena
de cuanta criatura de Dios se le acercara:
hombre o bestia,
menesteroso o pudiente.
Moldeado por ella soy una figura de aparente concreto
un jiquí de recias maderas que mi padre sembró,
hoy, soy yo quien se sienta en la cabecera de la mesa
pero me faltan por sus manos:
emplastos de seda,
fomentos de belladona
y cataplasmas de amor.
¡Clamo por ellas!
Las busco por cada rincón de la casa, pero no las
encuentro,
y necesito las olorosas manos de mi padre
de alcanfor y agua de rosas
mentol y yerba,
para que me socorran en el combate de la vida
me sanen las magulladuras del alma,
y restablezca mi espíritu en su grata cuarentena.
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